GLIFOSATO cierre de
fábricas por falta de materia prima en China, será por eso que vienen a Río
Grande?
El
cierre de fábricas chinas causa la escasez mundial del herbicida agrícola más
usado.
El
glifosato, el herbicida más utilizado en la agricultura mundial, y desde luego
en la citricultura valenciana, ha subido repentinamente de precio. Casi un 50%
de aumento durante las últimas dos o tres semanas. El agricultor pagaba
alrededor de 3-4 euros por litro de marcas 'blancas' y unos 6-7 por la marca
líder Roundup, de la multinacional Monsanto, y ahora han pasado a ser 4,5-5
euros para las primeras y 8 para la segunda.
Y no sólo consiste el problema en las
subidas de precios. Es que llega a haber escasez en el mercado. Cooperativas y
almacenistas de productos fitosanitarios no logran abastecerse de las fábricas
formuladoras en las cantidades que desean para atender a sus clientes y, en
consecuencia, los agricultores no consiguen adquirir todo el producto que
necesitan. Unos racionan a otros, en una práctica que parece un tanto rara en
un mercado acostumbrado a la abundancia e incluso, en el caso de este
herbicida, a una paulatina bajada de precios durante los últimos años. Ahora,
en cambio, no todos pueden adquirir los litros que desean, los distribuidores
restringen al máximo el suministro y los precios son notablemente más caros.
¿Qué ha ocurrido para llegar a este punto?
La causa fundamental está en el cierre de fábricas de materia prima en China.
En unos casos se trata de fábricas de glifosato y en otros de pmida, un
producto precursor para obtener después el herbicida. A raíz de ello se ha
desequilibrado el mercado mundial, precisamente en unos momentos en los que
también está en reestructuración una gran fábrica de Argentina y todavía no ha
entrado en funcionamiento una nueva factoría que se construye en Brasil.
Para terminarlo de complicar, el alza
mundial de los precios de cereales y oleaginosas, como consecuencia del aumento
de la demanda alimentaria y para biocombustibles, ha redoblado de forma
repentina las siembras de grano en todo el planeta y esto ha hecho crecer más
aún la utilización de glifosato, pues en los últimos tiempos se ha generalizado
su empleo en la práctica de la llamada siembra directa. Esta consiste en que se
entierran las semillas directamente en el suelo, sin labrar la tierra, y previamente
se rocían con dicho herbicida las malas hierbas que haya sobre el suelo, para
eliminar su posterior competencia con las plantas cultivadas.
La técnica de la siembra directa ha sido
desarrollada por la compañía Monsanto, obtentor a la vez del glifosato, que
comercializa en todo el mundo bajo la marca Roundup. Dada su mayor comodidad y
abaratamiento de costes, se ha generalizado esta práctica en casi todo el
mundo, y se ha logrado que aumente el consumo de glifosato.
Cuando terminó el plazo exclusivo de patente
de Monsanto, otras compañías comenzaron a fabricar el producto en distintos
países, sobre todo en China, lo que propició un rápido abaratamiento de los
precios. En los primeros años ochenta, un litro de Roundup llegó a costar en
España cerca de tres mil pesetas (18 euros), ahora cuesta entre la mitad y un
tercio, y menos aún si se trata de marcas ajenas a la firma obtentora de esta
materia.
El motivo del cierre de las factorías chinas
parece que está relacionado con problemas de contaminación y procesos de
fabricación obsoletos. El Gobierno de Pekín está interesado en mejorar la
imagen del país ante las próximas Olimpiadas. También se rumorea que hay planes
para reconstruir alguna de estas fábricas, con criterios más modernos y fuera
de los cascos urbanos donde estaban, y que la propia Monsanto está invirtiendo
en ello, para copar más protagonismo en el mercado mundial del glifosato. Si es
así, en el futuro no escaseará como ahora, pero los precios ya no volverán a
ser los que eran.
El glifosato
Cuando en mayo de 1970, John E. Franz, un
investigador de la división de productos agrícolas de Monsanto durante casi 40
años (1955-1994) sintetizó el glifosato, posiblemente no pudo imaginar el
inmenso suceso que su herbicida, luego de más de 30 años tendría aún entre los
agricultores consumidores del producto en todo el mundo. Si bien el efecto,
sobre las plantas es el mismo – es un “matayuyos” total – las formas de manejo
y objetivos de control fueron cambiando con el tiempo.
El glifosato, es un herbicida de amplio
espectro, no selectivo y de acción sistémica, altamente efectivo para matar
cualquier tipo de planta, que es absorbido principalmente por las partes verdes
de los tejidos vegetales. Una vez ingresado en la planta, inhibe la acción del
ácido shikimico, paso obligado hacia la síntesis de tres aminoácidos
esenciales, presentes en las plantas superiores y ciertos microorganismos, pero
no en animales.
Existen docenas de marcas comerciales en
todo el mundo, que lo incluyen en sus productos sobre la base de tres
formulaciones bajo el nombre de glifosato: glifosato isopropilamina y glifosato
sesquisódico, cuyas patentes pertenecen a Monsanto y glifosato trimesium
patentado por Zeneca en su momento (Pesticides News, 1996).
Las ventas mundiales de glifosato, superan
los 1.500 millones de dólares y se estima que rondarán los 2.000 millones de
dólares durante el próximo quinquenio, cifra equivalente a más de 40.000
toneladas de ingrediente activo (Dinham, 1998). Actualmente las ventas del
herbicida representan cerca del 40 % del mercado de agroquímicos a nivel
mundial de Monsanto (4.032 millones de dólares en 1998). El glifosato cubre más
del 60 % de las ventas totales mundiales de herbicidas no selectivos, y tendrá
aún un crecimiento mayor al incorporarse masivamente los eventos transgénicos
relacionados con su consumo. En Argentina, de 521,5 millones de dólares en 1994
el mercado de agroquímicos pasó a 924,6 millones en 1997, y de ese valor el 70
% corresponde a herbicidas (Esquivel, N, 1998). En los años siguientes, se
produjo una baja en el valor de las ventas, pero no en los volúmenes
comercializados, debido especialmente al precio cada vez más bajo que el
herbicida glifosato tuvo en el mercado, que ronda los
En
En general, para obtener glifosato, se puede
apelar a dos procesos de producción diferentes, que conviven en el mercado
mundial: a) el de vía glicina, desarrollado por China y b) el de vía IDA y
PMIDA desarrollado por Monsanto. Recientemente, para el caso argentino Monsanto
ha presentado al gobierno argentino su protesta por el aparente dumping que se
produciría por el ingreso al mercado argentino de glifosato proveniente de China.
En este sentido, un mercado que es oligopólico de hecho, se vería doblemente
afectado comercialmente, si se diera lugar a la petición, dado que la principal
empresa competidora, Atanor, compra glifosato chino por ser los precios de este
más barato. Una disputa comercial que se exacerbará con el correr del tiempo.
Según
Fuente: MOD